Doom Patrol o: Porque nadie dijo que ser héroe fuera super.
Y... Se acaba el año y con él, por fin, me permití ver la última temporada de DOOM PATROL. Una serie que, probablemente, nunca escucharon y si la escucharon, ni la recuerden. Pero, para mí, la mejor p*ta serie de antihéroes de la vida. Un grupo de marginados que, como su nombre lo dice, están condenados: al fracaso, al desastre y a la autocompasión.
Una colección de superpoderes random que jamás funcionan cuando se les necesita y una dinámica de equipo que brilla por su total descoordinación, especialmente a la hora de enfrentarse a su galería de villanos, cada uno más improbable, de mal gusto y hasta cómico que el anterior.
No obstante, es en medio de todo ese espiral de fracasos constantes que resalta la mayor virtud de este grupo: su resiliencia. Sí, esa palabra tan sobre exprimida hoy en día, pero que genuinamente representa lo que es la Doom Patrol. Porque a pesar de sus falencias, miedos y estrepitosos fallos, de alguna forma, encuentran la motivación necesaria para seguir.
Y es así como en vez de presentarnos unos héroes perfectos que luchan contra amenazas externas, vemos un conjunto de seres rotos que luchan más con su interior que con cualquier otra cosa. La falta de identidad, el autorrechazo, la dismorfia corporal, y la depresión; son solo algunos de los tropos que se cuelan en una serie aparentemente superficial y que terminan generando una inevitablemente y genuina empatía por estos personajes.
Debo decir que cada final de temporada se sentía más frustrante que el anterior, no por su falta de calidad, sino porque la trama quedaba abierta para nuevos embrollos que continuaban la espiral infinita de aventuras destinadas a un cuestionable éxito, con grandes sacrificios en medio. Pero el final de la serie se sintió increíblemente satisfactorio. Sin pretender hacer spoilers solo he de decir que el cierre de cada personaje se siente tan orgánico y entrañable que a veces cuesta creer cómo se desarrolló en solo un episodio.
Descubrir que nunca se trató de ser perfectos, sino de darse la oportunidad de trabajar para mejorarse a sí mismos para así poder ayudar a otros es un mensaje tan poderoso como simple que resuena fuertemente en este espectador que lloró tanto como rio a lo largo de cuatro temporadas con este grupo, quien siempre tuvo a la felicidad como su meta más inalcanzable.
Creo que pocas series logran mantener su calidad tan bien y un cierre tan satisfactorio, aunque prácticamente nadie la haya visto. Pero para aquellos que la vimos y disfrutamos, no deja de ser una hermosa invitación a reconocer que a pesar de nuestras heridas y complejos, de los miedos y frustraciones; siempre habrá espacio para mejorar y seguir intentando, fallar, aprender y continuar. Y quién sabe, tal vez en el camino encontremos a otros que se atrevan a querernos y aceptarnos, aunque nosotros mismos aún sigamos en el proceso de hacerlo cuando nos vemos al espejo.
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