lunes, 28 de julio de 2014

De la mano de Jorge por 'La Casa Grande'



La Casa Grande, así se titula la exposición del antropólogo y fotógrafo Jorge Panchoaga. Él se encuentra al fondo de la sala, conversa con algunos asistentes, «recibo muchas felicitaciones» dirá después.

Son las 4:10 p.m. es hora de comenzar la visita. Empecemos por el fondo. Mejor por el principio, e inicia. Éste es el trabajo ganador del IX Premio Nacional Colombo-Suizo de Fotografía. «Como su nombre lo indica, es el noveno». Jorge es un hombre alto, de tez blanca, cabello largo despeinado y una barba que hace juego. Su voz es pausada, parece que siempre está reflexionando sobre algo. Sus ojos son oscuros, pero siempre hay en un brillo en ellos. Al principio uno no nota aquel destello, pero cuando habla sobre su trabajo, cuenta algunas anécdotas, y habla sobre sus sueños; entonces se hace evidente.

Se propone hablar sobre la primera foto de La Casa Grande, pero llegan más personas. La sala se llena en un segundo. Estudiantes con cámaras ocupan gran parte del espacio, algunos profesores y un par de niños. «Con el permiso de los que ya la escucharon, volveré a dar la introducción».

20 imágenes conforman la colección. Los campesinos indígenas del Cauca, representados a través de sus casas, sus animales, sus rostros y sus montañas. «En realidad son más, pero para inscribirte al premio debían ser veinte». Y todo inició por la pregunta «¿Cómo se cepillan los dientes éstas personas?, Supongo que lo hacen igual que yo. Duermen en camas, sino en las mismas, unas muy parecidas. Y sueñan, pero sueñan cosas diferentes». Jorge mira a su audiencia. Unos le devolvemos la mirada, otros miran las fotografías. Frota sus manos contra los brazos. Aparentemente acaba de dar una simple explicación, pero en realidad ha tratado de resumir más de cuatro años de búsquedas personales, de recorridos por la tierra caucana y de trabajos fotográficos, en un par de frases.

«La primera foto la tomé en Calderas, eso queda en Tierradentro». Apreciamos una bella foto de una casa hecha con guadúas, cobijada por la noche y que emana desde el centro una intensa luz rojiza. El fogón. Desde la diminuta puerta se observa a una anciana cabizbaja, cruzada de brazos, de perfil al camarógrafo.  «En realidad fue muy chistoso, porque al lado de esa pequeña casa había otra más grande, de ladrillo, donde estaba durmiendo el esposo de la señora. Todo eso no era más que la cocina. Pero no hace mucho, esa casa era la casa y todo giraba en torno al fogón».

Foto de La Casa Grande
© Jorge Yamid Tobar Panchoaga
 Incluso el mismo Jorge ignoraba lo importante que serían las fotografías de casas para su trabajo. «Me encontraba haciendo otras series paralelas, pero descubrí que la casa era parte fundamental de eso, porque la casa es todo». El lugar donde se reúnen las familias, donde los abuelos cuentan a sus nietos sobre el maíz, las vacas, las siembras. «Esa es su cotidianidad, y es en esa cotidianidad donde se encuentra la verdadera resistencia».

«…Muestra el conflicto que actualmente viven las familias campesinas e indígenas (…) que han decidido permanecer en sus casas a pesar del conflicto en el municipio de Ambaló». Así describe la exposición de Panchoaga la página web del Ministerio de Cultura. «Esa es una de las lecturas» dice él, «pero a mí no me interesa retratar el conflicto y no lo hago. Mis búsquedas son sobre la unión, la identidad, el territorio y la familia».

Pasamos al siguiente cuadro. Giramos sobre los talones para encontrarnos con una fotografía sencilla en su composición pero densa en su simbolismo. «Como pueden ver, es la barriga de una mujer embarazada. Y estas líneas que la recorren, son las marcas del territorio». La emoción de Jorge se intuye en su esfuerzo por representar con las manos cada palabra que dice. Recorre suavemente la silueta de la mujer, serpentea con los dedos en las líneas. «¿Si se entiende?», pregunta un tanto ansioso. Y cómo no, si esa imagen pretende condensar toda una visión del mundo: «Ellos dicen algo así como que por uno que muera luchando, nacerán miles. Porque para ellos es ser, no nacer. Es como la predestinación a hacer parte de ese llamado ancestral. Siempre me impactó eso. Son como las cartas echadas».

El recorrido sigue, no sin antes sonreír al mencionar: «el viernes vino Johan, el niño que nació», señala la foto, «vino a ver su exposición».

Todas las fotos que se pueden apreciar en el pasillo fueron retratos con la misma técnica: «Desde que daba clases de fotografía en la Universidad Nacional, siempre estuve fascinado por las cámaras oscuras. Las hicimos con algunos chicos en los talleres, luego las llevamos por todo el Cauca y es un poco de ahí donde sale esto». 

El siguiente segmento se encuentra escondido tras una pequeña abertura en la pared. No todos cabemos, no todos entramos. Tres fotografías de rostros —Una mujer, un anciano, una niña— se encuentran enmarcados entre un par de bombillos, la iluminación resalta a los personajes. «La verdad es que no me interesaba ponerles nombres a los retratos. No tienen nombre porque ellos son más que uno solo. Son una comunidad. No es Pepe, María, Juanita… es un poco tú o yo, o el que se sienta identificado con la foto».

Casi en todos los retratos aparecen las montañas representadas con curvas de nivel. Cruzan los rostros, se integran con ellos. «La familia, la casa, la comunidad, son parte del territorio». Siempre hace hincapié en ello. «Llegamos un día a mostrarles las cámaras oscuras a los chicos. Nos reímos, jodimos la vida un rato, y yo les dije: “¡Hey! Voy a tomarles una foto”. Y la idea un poco es esa: mostrar que el Cauca indígena es una familia muy grande… y lo que yo estoy haciendo es irme a criar un poco con ellos y aprender; compartir y hacer amigos. Y esas son mis motivaciones para tomar fotos».

En el centro de la sala de exposiciones hay fotos en cada pared. La Casa Grande te rodea hasta llevarte a una vitrina con pequeñas muestras de impresión, libretas con notas y borradores de lo que; en poco más de cuatro años, terminaría siendo aquella muestra fotográfica. El ganador del IX Premio de Fotografía Colombo-Suizo nos conduce a una esquina. Una fotografía llama la atención. En ella podemos ver un pequeño cuarto: «una cama tendida con una cobija 3 tigres, un clásico», Un estante con algunos objetos personales y una tabla a modo de repisa, un poco más arriba. En las paredes de fondo, que se intuyen blancas, aparece el borroso reflejo invertido de una familia campesina.

«Tuvimos que esperar mucho para esa foto, porque el papá se tenía que ir a ordeñar, la hermana mayor no salía, se despertó el bebé… bueno, en fin». Jorge Panchoaga habla del poder de los sueños. «Ellos, al igual que nosotros, sueñan. Sólo que no sueñan con un carro, un penthouse en Miami o algunas de las cosas que nosotros sí. Ellos también sueñan con un mejor futuro para sus hijos, que sus vacas den más leche». La experiencia de vivir con las personas que fotografía le ha permitido conocerlas, habla con propiedad porque lo sabe bien: «Tienen una vida tranquila pero quieren una vida aún más tranquila… El problema es que por lo general solemos darle más importancia a nuestros sueños que a los de ellos».

Foto de La Casa Grande
© Jorge Yamid Tobar Panchoaga

Nos movemos un poco. Frente a nosotros tres fotografías: un niño, un cielo nocturno y un hombre de ojos cerrados. «Cuando caminábamos una noche, me di cuenta que el cielo que ahí veía no se veía en ninguna otra parte… Cada persona ve el cielo en el lugar que nace. Entendí que el cielo es parte del territorio y que esa foto debía ser parte de la serie». No es necesaria mayor explicación. En el reflejo del vidrio que cubre la foto, puedo ver que no soy el único que sonríe. Todos conocemos ese cielo. Para ninguno es el mismo, ni lo vemos con los mismos ojos, pero es el cielo de nuestro hogar.

La pared más grande del recinto, está decorada con un espiral gigante, bordeado con fechas históricas. Datos diversos: La fundación de Popayán en 1536, El nacimiento de Quintín Lame en 1880, la fundación del CRIC (Consejo Regional Indígena del Cauca) en 1971; entre muchos otros. «La espiral del tiempo, que refleja los procesos socio-históricos que tuvieron su mayor punto en alguna época. Está aquí para recordarnos que el presente y el pasado son uno y que para encontrar respuestas hay que mirar atrás». Camina hacia el otro lado del recinto, «La idea es darle un contexto a la serie. Que no sean un montón de fotos porque sí. Pero no la toquen, porque es tiza y se borra».

Jorge Panchoaga se detiene un minuto para explicar la siguiente imagen. «Siempre quise tomar la foto de alguien durmiendo, pero no así como está aquí». Rápidamente pasa por entre la multitud y extrae de la vitrina una de las libretas de apuntes. «Esto lo puedo hacer yo porque soy el autor. Pero no le digan a Lucho, el museógrafo, porque me regaña». Pone las hojas a la vista de todos. Cuenta cómo su deseo de tomar fotografías del territorio caucano, es mucho más antiguo que la convocatoria del concurso. Comparte las pequeñas notas metafóricas que acompañan cada dibujo. «Ésta foto siempre la he querido hacer, espero algún día poder hacerla… así hay muchas». Una pequeña anécdota de cómo la casualidad la llevo a tomar una de sus fotos favoritas, aunque no fuese ni parecida a la que siempre imaginó en sus anotaciones. Devuelve la libreta a la vitrina. Lucho no se enteró. Se ha salvado. 

«Ya casi acabamos», advierte con tono amable. No sin antes preguntar de nuevo si alguien tiene dudas. «Yo trato de responderlas todas, y si me corchan pues igual les digo». Se acerca a una imagen de fondo azul, atravesada en el centro por una larga figura gris, que bien podría ser una anguila. «Esto es un machete. Mírenlo, parece que le han dado contra el mundo mil veces». Revela cómo en el libro que contiene la serie de La Casa Grande —Parte del premio del concurso Colombo-Suizo—, una metafórica transición entre páginas muestra al machete «cortando la noche. A la vez que la noche muestra los sueños y el trabajo». Dice mientras abre la página central y vemos como las fotografías se muestran en pliegues, complementándose entre sí, como un mágico rompecabezas.

«Finalmente: la noche, mis miedos». Se acerca a la última fotografía, en la que sólo se divisa un mar de montañas negras y en medio, como barcaza perdida, una pequeña casa fuertemente iluminada. «Ésta foto representa lo que temo. Lo que es el Cauca para mí: un montón de cosas que no puedo dominar… Le temo a lo que no conozco». Sabe que la exposición puede tener distintas lecturas, y que aquello que ha fotografiado las tiene también. «Lo que para mí es miedo, para ellos es cotidianidad. Dicen ¡Aquí me quedo!, a pesar de todo. Esa es su resistencia. La mayor de todas y no es con armas”.

Foto de La Casa Grande
© Jorge Yamid Tobar Panchoaga

«Me interesaba también mostrar eso. La noche como cómplice, como complot e insurgencia. Porque fue así que pudieron recuperar muchas de las tierras que les robaron los terratenientes en la época de la colonia». Cada imagen es un relato, que a su vez hace parte de una serie: La Casa Grande; que también es parte de un proyecto más grande. «Mis búsquedas me han llevado a esto. Mi abuelo se crió allá. Entonces siempre me he preguntado ¿cómo hubiese conocido ese mundo?, ¿cómo hubiese vivido? Todas esas preguntas me motivan. ¿Qué va a pasar cuando acabe todas las series? Bueno, no sé… pero todo esto es el camino de retorno».

Un par de preguntas para finalizar. Ambas muy técnicas. Respuestas concretas. «¿Alguna más?»… Silencio en la sala. «Bueno, pues muchas gracias». Jorge sonríe complacido mientras retumban los aplausos. «La exposición ha sido muy bien acogida» responde cuando le preguntan los reporteros del canal local. Reflexionando un poco: «Venir a ver La Casa Grande no es un asunto de venir a conocer los indígenas de Ambaló… es un poco conocernos a nosotros mismos».

Por:  José Luis Morales Zúñiga

viernes, 18 de julio de 2014

La Wicca, camino y elección

La nueva versión del paganismo
Foto: Encuentro Alianza Pagana 2014
A pesar de ser un país mayoritariamente católico, en Colombia se vienen visibilizando grupos de personas con propuestas religiosas alternativas. Entre ellas la Wicca, una religión neopagana que adora a los antiguos dioses y los espíritus de la naturaleza.  Esta es la historia de Merkurioh, un joven wiccano que habla de la religión desde su experiencia personal.


Merkurioh* revisa en su armario; saca unas cuantas velas, una daga, un caldero, inciensos y otros instrumentos como una campana y un libro de pasta blanca. «Este es mi libro de las sombras, acá tengo anotado el ritual que realizo siempre para Mabon, la época en que el Dios se prepara para morir y luego renacer».

Merkurioh es creyente de la Wicca, una religión neopagana que se basa en las creencias de antiguas religiones precristianas, especialmente del norte de Europa. Se consolidó en 1.954, luego de la publicación del libro Witchcraft Today (Brujería Hoy) del funcionario público inglés y brujo auto confeso, Gerald Gardner. La Wicca es considerada también como una forma moderna de brujería y la mayoría de sus rituales están dirigidos a la adoración de una divinidad dual: un Dios de la cacería, la muerte y los animales; y una Diosa madre, Diosa de la fertilidad, y de la renovación de la vida.

Sus adeptos creenen el respeto y la adoración por la naturaleza, la reencarnación, la magia ritual y el karma. Esta religión no se considera politeísta (adoradora de varios dioses) sino panteísta, puesto que sus practicantes reconocen y alaban el poder de La Gran Madre Tierra como fuerza creadora.

«La Wicca, está muy ligada a la magia, entendida como una conexión espiritual y física con la naturaleza para lograr cambios positivos, para nosotros y quienes nos rodean», explica Merkurioh en relación a lo que pretende lograr cuando realiza un ritual. «Todos poseemos el poder de dirigir y transformar la energía que nos rodea, pero estamos tan perdidos entre el mundo material que lo olvidamos y es por eso que algo que es sencillo y natural termina siendo percibido como oculto y sobrenatural», asegura mientras prepara sus herramientas y las guarda en un bolso para luego dirigirse a un campo descubierto, a la luz de la luna.


Foto cortesía: Guro Silva
En la Wicca se usan herramientas simbólicas para canalizar las energías, tales como pentáculos, velas e inciensos

Aunque su premisa fundamental es «haz lo que quieras, a nadie dañes» en varias ocasiones los wiccanos han sido estigmatizados puesto que, por desconocimiento, suele asociárselos con prácticas satánicas. Según el padre Iván Molano, párroco de Cristo Resucitado, «muchas culturas han creado sus dioses. Lo importante de una religión es que alabe a Dios y el amor al prójimo» y enfatiza: «Sin embargo el Señor nos conmina  a que lo honremos según su santa palabra, es decir, la Biblia». Al respecto opina Santiago Alarcón, brujo wiccano de la ciudad de Medellín: «La gente, desde siempre, tiene la mala costumbre de estigmatizar lo que no conoce o lo diferente. Justamente ésta es la razón de los grandes problemas del mundo: las guerras religiosas, el racismo, etc.». A razón de esto, muchos paganos han preferido mantener sus creencias religiosas en secreto e incluso practicar en solitario, también por falta de espacios o personas semejantes cerca a su lugar de residencia.

Tal es el caso de Merkurioh, un joven estudiante universitario que conoció la Wicca hace aproximadamente cuatro años y que desde entonces la estudia y practica.  Él asegura haber pasado por una etapa de «vacío espiritual» hasta que encontró éste camino. «Desde niño estuve muy inquieto por la religión, fui muy católico, incluso fui monaguillo en la iglesia… pero al crecer, las respuestas que me brindaba ya no eran suficientes. Entonces decidí buscar respuestas en otra parte y pasó mucho hasta que finalmente encontré a la Wicca. En ese momento supe que había encontrado mi camino y por primera vez en mucho tiempo me sentí pleno con mi religión».

Éstas declaraciones se asocian a lo  expresado por el antropólogo Germán Polanía cuando dice: «En cualquiera de las religiones o sectas, siempre ha existido una necesidad de creer en algo o alguien, más en esta sociedad que se basa en el existencialismo más que en el materialismo, y en ese mismo sentido la creencia no solamente se basa en una figura divina o demoníaca, sino en prácticas, objetos».

Los wiccanos practican rituales de adoración, en donde se conmemora a las divinidades, celebrando los ciclos de la naturaleza. Sobre esto explica Merkurioh, «la gente suele sorprenderse e incluso asustarse cuando les hablas de dioses, rituales a la luna y demás, pero esto no es algo nuevo, en su mayoría son practicas milenarias que muchos pueblos en todo el mundo realizaban para bendecir sus cosechas y atraer la prosperidad. Que el cristianismo los haya hecho ver como algo maligno y hayan caído en desuso es otra cosa…».  

Por otra parte Elena Fernández**, Intérprete de música cristiana, asegura: «Creo que la Wicca es una de las tantas sectas en las que las personas acuden para tratar de arreglar algún estilo de vida que les incomoda». Y agrega «Cuando las personas entran a este tipo de sectas se adaptan a unas normas, que afectan con el tiempo de forma negativa en la familia y la sociedad. Todo siempre es lo mismo, ya que la maldad, solo puede atraer más maldad».

Un largo camino, y lo que queda por recorrer

El Vuelo  por Guro Silva
La cultura popular y los medios masivos han ligado siempre a la brujería con la imagen de la mujer,
pero existe también una gran cantidad de hombres que se dedican a ésta práctica y filosofía


El frío de la noche cala en los huesos, la mayoría de las luces de casas cercanas están apagadas. La gente ya se encuentra durmiendo. Merkurioh se acerca al lugar propicio para su ritual; acompañado sólo por el incesante canto de los grillos, el crujir de la madera al ser pisada y los esporádicos ladridos de algún perro en la lejanía.

«Yo soy un wiccano solitario. No es que me guste andar solo ni que sea un antisocial,  es que como la mayoría de la gente no comparte lo que hago, evidentemente no querrá acompañarme. Aunque conozco muchos otros wiccanos en Colombia y Suramérica  el problema es que viven muy lejos, así que comparto con ellos pero virtualmente».

En Colombia la llegada de la Wicca no ha sido documentada formalmente, por lo que la información que se tiene de ella es basada en los testimonios de los paganos más antiguos en el país. Ellos afirman que la religión llegó a éste territorio a mediados de los años 60 de la mano de extranjeros, de cuyo establecimiento se formaron las primeras tradiciones neopaganas que aún se conservan; aunque muchas prefieren mantenerse en el anonimato.

Recientemente, el 1 de mayo del 2009 un grupo de wiccanos decidió unirse de manera formal y establecer la Alianza Pagana Colombiana (APACOL) con el fin de reunir a los creyentes del paganismo en el país y divulgar positivamente sus creencias, conocerse entre ellos y fomentar puntos de encuentro.

Sin embargo, la creación de dicha Alianza no fue tarea fácil e incluso existen wiccanos que están en manifiesto desacuerdo con ella, tal es el caso de krumss lebwick* quien cuenta: «Siempre estuve en contra y los fundadores de la alianza pagana lo saben. He sido, por así decirlo, la piedrita en el zapato». Explica «me he opuesto por la razón de que sólo lo hacen por hacerse conocer, supuestamente dar clase. Un montón de principiantes novatos que van a escuchar a personas que a veces ni saben lo que dicen».

Foto: Encuentro Alianza Pagana 2014
Los altares se adornan con distintos elementos según la festividad, siendo 8 los sabbats principales

Krumss lebwick  también afirma que «la mayoría de personas que son wiccanos lo son por moda, o porque se sienten discriminados. Quieren ser supuestamente diferentes, en fin». Al respecto Merkurioh confirma: «Claro, hay mucha gente que se mete por querer tener súper poderes, o algo así. Es algo molesto, naturalmente a nadie le gusta que tomen su religión como un chiste. Pero yo no me preocupo porque creo que estas personas al final se terminarán aburriendo. La Wicca un camino serio y profundo y por tanto sólo quienes así lo vean continuarán en él».

Sobre la Wicca son varios los autores que han escrito. En América del Sur sobresale Claudiney Prieto, quién además de escribir «Wicca - A Religião da Deusa»  el libro más vendido en Brasil sobre la temática wiccana; también es el organizador del Mystic Fair el mayor evento sobre paganismo y esoterismo en dicho país, que en su primera edición en 2010 reunió a más de 1.2000 personas de toda Latinoamérica.

Merkurioh finalmente llega al lugar deseado, reza en silencio, limpia un poco el suelo y luego saca de su bolsa un recipiente con sal. Camina formando un círculo y suavemente recita un conjuro de purificación mientras riega la sal tras de él.

 «No nos interesa ser la religión dominante ni volver a todos wiccanos, si así fuese estaríamos traicionando nuestros propios principios. Yo me preocupo por mi evolución personal, habrá varios que se opongan otros tantos que se unan, pero creo que nuestra historia apenas se está escribiendo y muchas cosas pueden pasar». Concluye Merkurioh  antes de organizar cuidadosamente sus herramientas en un recién levantado altar.

Levanta su índice apuntando hacia el oscuro cielo de la noche, donde sólo se divisa una enorme luna llena que lo ilumina. Recorre con su dedo el círculo que anteriormente había trazado con sal, invoca a los espíritus de los cuatro elementos, enciende las velas y les ora a un dios cornudo y a una diosa de la fertilidad. Su ritual mágico ha empezado.

*Nombre mágico que usa este personaje en sus rituales y prácticas religiosas, y que pidió se utilizara en este escrito en lugar de su nombre común.

** Nombre asignado por el escritor, puesto que ésta persona solicitó mantener su identidad en secreto.

jueves, 17 de julio de 2014

Mi 'exótico' amor: Priyanka Chopra


Priyanka Chopra en la filmación del video Exotic
Corría el año 2012 y mi encanto por Bollywood estaba en pleno auge. Las intensas historias de amor, las increíbles coreografías y la magnífica actuación de Shah Rukh Khan en casi todas sus películas; habían consolidado mi gusto por el cine de la India.

Sin embargo, cuando pensé que no había nada más por descubrir, me senté a ver Fashion y lo que encontré me dejó boquiabierto. La película cuenta la historia de una chica de pueblo que sueña con convertirse en súper modelo y lo logra a costa de vender su alma a la industria de la moda. Priyanka Chopra, interpreta a la joven Meghna de una forma magistral. Su transformación de niña ingenua a diva de las pasarelas es un deleite por ser imperceptible. No es sino cuando ella se da cuenta de lo mucho que ha cambiado que el espectador lo nota también.

Poster promocional de Fashion, película en la que se muestran algunos de los sacrificios
que deben hacer las modelos para ingresar en la industria de la moda

Bien merecidos tiene los más de ocho premios a mejor actriz  que ganó por aquél personaje. Y desde entonces, para mí, no ha hecho más que crecer como actriz. Con papeles cada vez más arriesgados y exigentes, desde una joven que desprecia la vida en Anjaana Anjaanihasta una niña autista en Barfi. Sobresale particularmente su rol protagónico en 7 Khoon Maaf, donde interpreta una mujer que busca el amor a lo largo de su vida  y cree encontrarlo en 7 hombres, cada uno con un encanto irresistible... y una muerte horripilante.

La versatilidad de ésta mujer no para de sorprenderme, por eso cuando supe de su lanzamiento como cantante corrí a escuchar su canción debut. Reconozco que seguramente no se convertirá en la siguiente reina del pop, pero tampoco puedo negar que su música es una alegre invitación a bailar que rara vez puedo rechazar.


Aprovecho hoy, día en el que se celebra su cumpleaños número 32 -y el nacimiento de éste blog-, para agradecerle por lo mucho que me he entretenido con sus películas y regocijado con su música. Deseando que haya Priyanka para rato, me despido hasta una próxima plegaria.

Una hoja en blanco y mucha tinta

Mercurio
Pierre et Gilles
2001
Internet es una incubadora de blogs cada vez más grande. Personas de todo el mundo abren su espacio para decir algo: "Las tendencias de vestidos para el verano", "Por qué el libro siempre será mejor que la película"; o "Mira mi hermoso gatito". ¿Para qué abrir un blog más? Bueno, esa es la misma pregunta que me he planteado varias veces antes de decidirme a publicar la entrada que ahora lees.

La respuesta, según lo veo, es más un reto personal que otra cosa: Porque solo yo veo, sueño y pienso lo que yo veo, sueño y pienso. Y plasmar aquello en un medio que puede ser valorado por otras personas es algo que me emociona. Claro, puede sonar pretencioso pero ahí radica el reto: Hacer que valga la pena. 

Un poco de labor periodística –amén de hacer justicia a mis estudios en comunicación social–, otro tanto de mis aventuras en la edición de imagen, audio y video; y un poco de "Yo opino del mundo". Básicamente eso es lo que me propongo traer. Con algo de dedicación, entusiasmo y varias ideas en la cabeza; me pongo frente al teclado para iniciar mis plegarias a Mercurio.

¡BIENVENIDO!